miércoles, 12 de febrero de 2014

Maldita sea.

 Maldita esta sociedad que nos enseña estereotipos, maldita la presión de enamorarse, de estudiar una carrera universitaria, de tener pareja del sexo opuesto, de tener hijos, de creer en algún dios, de ser guapo, de estar macizo, de enriquecerse...Malditos los que me tratan diferente por ser bisexual, malditos los que me juzgan por "ser inteligente", por valorar la educación que recibo, por apreciar el mundo en el que vivo.
 Maldita yo por no sentir nada, por ser egoísta, por dejarme creer que me presiono cuando en realidad me dejo llevar.  Maldita yo por odiarme y hacerme sentir mal, por culparme por cosas que no son mi responsabilidad. Maldita yo por esas veces en las que me siento superior.
Y unos meses después...
 Maldito sea el mundo por hacerme sentir esto tantas veces. Maldita yo por negarme a superarlo. Y bendito el universo al completo por hacerme darme cuenta de todos mis errores para poder corregirme y mejorar. Gracias.

Sigo siendo un desastre, pero estoy mejorando.

 Palpitaciones. No me puedo concentrar.
 Ha pasado mucho tiempo, ahora estoy en el último curso, no quedan más que cuatro meses para examinarme y luego irme a la uni en Granada. ¿Y qué es lo que hago en vez de concentrarme en los estudios? Exacto. Dejo libre a la imaginación y mis fantasías románticas.
 En cierto modo supongo que me influye mucho el tipo de contenido que consumo; series cómicas pero románticas, series con romance, animes románticos, novelas de amor... Un desastre, vamos. Pues súmale a eso la mentalidad profundamente curiosa y sedienta de sexo y romance de una adolescente.
 Así es. Así es como acabo con ritmo cardíaco ridículamente acelerado por esas fantasías tan típicas de mi edad. Y es que ahora que estoy ganando confianza en mí misma hay más interesados en mí.
 ¡Sorpresa! La chica depresiva y acomplejada consigue mentalizarse lo suficiente para construir algo de confianza y estabilidad emocional, ella solita. Sí, pero ahora le preocupa mucho su imagen. Quizá demasiado. Ahora se somete al maquinal e insensible criterio de la báscula continuamente. Ahora se preocupa por el estado de su piel, que compara con la de las actrices maquilladas de las series que tanto le gustan. Ahora se presiona a sí misma para no parecer muy diferente, cosa que, reconozcámoslo, es (porque esa chica es muy, muy diferente al resto, pero también igual).
 Sí, sí, mucha confianza...
 Me reencuentro continuamente, cambio, maduro, experimento, metamorfoseo, me cuesta seguir mi propia evolución. Es importante conocerse a uno mismo; si tú no sabes lo que quieres, nadie podrá dártelo, ni siquiera tú mismo. Así es difícil intentar ser un modelo. Porque es lo que siempre he querido.
 Siempre he admirado a las chicas que sacan muy buenas notas (eso sí lo cumplo y con creces), se integran bien en la sociedad, hacen actividades deportivas e interesantes y encuentran tiempo para cuidar su imagen. Y encima de todo eso, son capaces de manejarse con una pareja.
 Esto es imposible para mí. Para sacar buenas notas mientras soy feliz, me aíslo del resto del mundo. Si intento abrirme y socializar, sin abandonar los prioritarios estudios, abandono gran parte de mi felicidad, que resulta materializarse en series, libros y siestas. Si intento ser feliz a la vez que socializo, mis estudios (y con ellos mi futuro) se tambalean peligrosamente.
 ¿Qué se supone que tengo que hacer? Yo quiero disfrutar de mi juventud. Salir mucho, conocer gente, bromear, reírme, tener algún que otro "encontronazo"... Pero también quiero estar sola, aislada, disfrutar de mí, leer, ¡dormir!, llorar, y ver el mundo desde mi perspectiva especial.
 Supongo que sólo me queda probar y ver si a base de prueba y error logro la experiencia necesaria para suprimir cosas de mi vida u organizarme de manera que todo quepa. Ale, a cambiar mejorar, que es lo único que puedo hacer -como si fuera poco.